Es místico, y casi incomprensible, como una facción puramente pacífica y religiosa, con el paso del tiempo se ha convertido en una de las amenazas agresivas más temidas y peligrosas de Saphir.

Si bien, como se ha dicho, es casi incomprensible, pero lo es si no se conoce el pasado de los Adeptos de Malesur. Si se conoce, deja de ser casi incomprensible y pasa a ser lógico.

Al fin y al cabo, nada se cambia radicalmente, una consecuencia lleva a otra y una serie de consecuencias, convierten lo casi incomprensible en lo casi comprensible.

Y como no puede ser de otro modo, hay que empezar por el principio, y el inicio no es otro que el nacimiento de los seres humanos, se trata del momento en el que Salssa’el insufló la energía vital a los hijos de Malesur. Y desde ese momento, la humanidad estaba en deuda con la deidad creadora, si bien algunos no comulgaban con esa idea, otros lo hacían y harían hasta el final de sus vidas.
Así pues nos remontamos a la Era de los Humanos Originales, allí donde la humanidad se fragmentó, donde unos vivieron en las cavernas y otros en la superficie, allí donde unos eran devotos a su dios y otros no. Donde creyentes decidieron vivir dentro de Saphir y otros fuera. Sin embargo, los que acabaron recibiendo el favor de su dios, convirtiéndose en los Adeptos de Malesur, fueron los que no se adentraron en las profundidades de Saphir, esos tienen otra historia que se contará a su debido momento. De modo que, centrémonos en el Linaje de Lieanhan, los ancestros del culto más religioso y entregado al dios creador de los seres humanos.

En los albores de la humanidad, como es de imaginar, el caos dominaba la vida de aquellos primigenios seres humanos. Es de entender; algo nace, sin experiencia y con miedo, sin pasado pero con futuro, sin camino conocido y sin guía a seguir. Solo hay algo en común, algo que reconocer como propio y compartido, el dios que los creó. Es por ello, que la religión del culto a Malesur tuvo muchos seguidores en sus principios. Y de ellos, dos linajes lucharon a muerte, por ser los originales, los puros, los herederos, los más apropiados a ser los emisarios de Malesur. ¿Curioso? Puesto que para así lograrlo, el Linaje de Lieanhan tuvo que derramar hasta la última gota de sangre del último miembro del Linaje de Gryan en la Guerra Espiritual, que se libró entre estos dos linajes, en la Era de los Humanos Originales.

Los vencedores, lograron un estatus muy alto dentro de la desorganizada y caótica sociedad de los Humanos de la Superficie. Se convirtieron en líderes espirituales, venerados y protegidos.
Durante la Guerra de los Linajes, Lieanhan y los suyos escogieron el bando acertado. Al lado del Linaje de Malakoy, dándole apoyo espiritual y moral, sobrevivieron y fortificaron sus lazos con el linaje más guerrero y temido, con el linaje vencedor.

El apoyo a los Malakoy, permitió al Linaje de Lieanhan, escoger el condado más cercano al Castillo de Malakoy, el Condado de Cadaleria. Desde donde, y con el manto protector de los gobernantes, extender su religión por toda la zona habitada de Darlime, con la excepción del Condado de Lerian, dominado por la Hermandad, otra vertiente religiosa que contaba con el amparo del Linaje de Malakoy.

Durante mucho tiempo de la Era de Malakoy, la religión a Malesur creció exponencialmente. Allí donde hubiera un asentamiento humano había un Heraldo de Malesur, allí donde hubiera un pueblo había un Baptisterio repleto de adoradores, allí donde hubiera una ciudad había un Templo lleno de idólatras, allí donde hubiera un condado había un miembro del Linaje de Lieanhan.
Sin embargo, había un lugar donde jamás fueron bien recibidos, un condado donde no solo no había algún miembro del Linaje de Lieanhan, sino que tampoco había ningún seguidor a Malesur.

En Lerian, existía una religión llamada la Hermandad y no permitía que nadie entrara en su territorio escarpado e inhóspito. Sin duda alguna, para Lieanhan esto era inaceptable y así se lo hacía saber al Rey Malakoy, que desechaba toda queja, sencillamente por ser carente de importancia para él. Hecho, que Lieanhan entendió. Necesitaba demostrar algo, algo que desconocía pero que descubrió. Decidió averiguar qué sucedía en aquel condado tan recóndito y oculto donde habitaban humanos introvertidos y herméticos. Fue así, como Lieanhan descubrió como aquella sociedad supuestamente religiosa, estaba armada y entrenada para la lucha. Sin embargo, Malakoy no creyó las palabras de Lieanhan. Error que pagó posteriormente con su vida pero que también perjudicó al Linaje de Lieanhan y a la religión a Malesur.

Cuando la Hermandad consumó la Gran Traición, después de destruir el Castillo de Malakoy, hizo lo propio con la ciudad de Cadaleria. La Hermandad, convertida en Legión de los Cien Corazones, declaró la Purga de Malesur. Durante mucho tiempo, los Baptisterios y Templos fueron destruidos, los Heraldos de Malesur fueron quemados y todos los miembros del Linaje de Lieanhan eran buscados y asesinados. La religión a Malesur se precipitaba hacia la extinción. Sin embargo, estaba muy introducida en las entrañas del pueblo y, la Legión de los Cien Corazones, no podía prescindir de él. Cambiaron su estratagema, dejaron de destruir todo símbolo relacionado con la religión a Malesur y, sutilmente, convirtieron todo aquello que hiciera referencia al culto en algo arcaico, místico, irreal, extraño y, tácitamente, prohibido. Y fue así como con el paso del tiempo, la religión a Malesur era residual dentro de la población de Darlime.

Sin duda, la estrategia realizada por la Legión de los Cien Corazones tenía su fruto. Durante pocos años de ataque frontal e indiscriminado habían llegado a destruir casi todos los símbolos físicos que pudieran evocar a la religión de Malesur. Tras ello, muchos años tratando a los seguidores de dicha religión como a locos, logró que apenas se hablara públicamente de la religión. Sin embargo, lo que no consiguieron, fue destruir la espiritualidad de muchos hombres y mujeres que en su intimidad, en sus adentros e, incluso, en sus hogares mantenían la llama de la religión encendida.

Y de esa llama nació un elegido en la ciudad de Suria al noreste de Darlime. Un bebé nacido prematuramente que no lloró el día que vio la luz. Un bebé que emanaba paz, sosiego, tranquilidad, esperanza. Un bebé que creció oyendo voces en sus adentros, viendo a Malesur en sus sueños. Un niño que sufrió vejaciones, insultos y maltratos por el simple hecho de no esconder su amor a Malesur. El niño se hizo un chico, que se hizo mayor y se propuso hallar aquello que su voz interior le requería. Un hombre que llegó hasta lo más alto del brazo logístico de la Legión de los Cien Corazones y obtener los medios necesarios para hallar un lugar donde habitar y amar su religión.

Y es así como convenció a la cúpula de la Legión para que construyeran embarcaciones, para que ampliaran nuevos horizontes, para que él lograra su menester en la vida.

Desde su ciudad natal Suria, se construyó un barco que lo bautizó como Nuevo Horizonte y que lo guio hasta la Isla de la Paz. Una Isla perdida en los océanos de Saphir, una isla que emanaba las mismas sensaciones que Lilean al nacer; paz, sosiego, tranquilidad, esperanza. Una isla cálida pero húmeda, montañosa pero llana a la vez, un lugar donde vivir por y para la religión en harmonía a pesar de las rencillas causadas por los sentimientos más arraigados al ser humano.
Y es así como, lo que al principio era una pequeña comunidad religiosa, se hacía grande. Desde Darlime hasta la Isla de la Paz llegaban más y más seguidores de Malesur en busca de un futuro mejor, donde poder expresar sus sentimientos religiosos sin miedo a represalias.

Un grupo de valientes Adeptos de Malesur viajaban sin cesar en el Nuevo Horizonte, hasta el Embarcadero de la Paz situado al norte de la Cordillera Central. Allí hombres, mujeres, niños y niñas, que habían sido elegidos por Adeptos de Malesur infiltrados en todo Darlime, eran transportados hasta la Isla de la Paz.

Durante años el flujo era constante. Los Adeptos de Malesur vivían en paz y cada día se concentraban en El Claro de la Adoración para realizar el acto religioso que se conocía como la Adoración.

Sin embargo, este menester era harto complicado de mantener en la clandestinidad. La Legión de los Cien Corazones se hizo eco de esta corriente migratoria y puso caza a todo aquel que colaborar con ella. Así, pues el Sendero de la Paz, así llamado por los Adeptos de Malesur, vio como su flujo se reducía drásticamente. Hasta casi desaparecer.

Pero, lo que para unos fue una catástrofe, para otros fue una bendición. La llegada del alzamiento de los Neonatos en la Gran Guerra Entre los Cuatro Grandes y, la posterior II Guerra Civil de Darlime, propició una oportunidad única para que los Adeptos de Malesur crecieran exponencialmente. El mayor daño de ambas guerras, como es de saber, recaía sobre el pueblo que era avasallado por todos los ejércitos implicados. Esto motivó una necesidad imperiosa por abandonar Darlime y el Sendero de la Paz de nuevo estaba activo, puesto que La Legión de los Cien Corazones ya no podía invertir esfuerzos en detenerlo. Así pues, en poco tiempo, la Isla de la Paz recibió una marea humana cuantitativa pero, también, no tan pura de espíritu como los primeros inmigrantes que recibió. A esta época se la llamó; El Amparo de Malesur y duró un largo periodo de tiempo, no falto de difícil encaje entre los Adeptos más antiguos y los recién llegados, que motivó disputas en ocasiones más allá de lo verbal. Sin embargo, algo cambió la vida de los Adeptos de Malesur por completo y para siempre.

Durante el Ciclo Evolutivo, Malesur, el dios creador de los humanos, escogió a los más fieles Adeptos que tenía para ganar la partida que tenía prácticamente perdida con sus hermanos.

No fue fácil tomar la decisión, como podía lograr que un grupo reducido comparado con el resto de razas pudiera vencer en la partida de Saphir. La respuesta era dotar de bestialidad a sus hijos y es así como lo hizo. Sin embargo, esta vez quiso acertar, y entregó favores mayores a los Adeptos más fieles. Pero el más importante, el más poderoso, el más contundente, se lo entregó a todos ellos.

En el Claro de la Adoración, en el momento de la Adoración, Mihualo, líder espiritual de los Adeptos apareció de entre las copas de los arboles, apareció transformado en un Búho humanizado. Tras él, otros adoptaron apariencia de animales diversos, pero no solo adoptaron la apariencia sino que también la mentalidad agresiva. Al final la práctica totalidad de Adeptos de Malesur se podían transformar en animales y dejar de serlos en el momento que querían.


A partir de ese momento, todo cambió en la pacífica Isla de la Paz. Unos rechazaban su nueva habilidad, otros agradecían lo ocurrido para poder defender la religión de Malesur y otros vieron la oportunidad de destruir todo aquello distinto a ellos. Sin duda, estos últimos eran los deseados por Malesur.

La Guerra Fratricida de los Adeptos comenzó sin aviso previo. Tres facciones claramente marcadas entraron en la contienda, si bien los más poderosos, los Predilectos de Malesur, los más pacíficos, abandonaron la Isla de la Paz.
La Guerra Fratricida duró lo suficiente para que la población fuera muy diezmada. Dos mentalidades radicalmente distintas se enfrentaron tiñendo de sangre hermana la Isla de la Paz. Agresivos y defensivos luchaban por imponer su idea por encima de la otra. Y hubo unos vencedores y unos vencidos. Los primeros se quedaron en la Isla de la Paz para seguir en ella y defenderse de los ataques enemigos a Malesur. Los segundos huyeron y dispersaron por Saphir siendo mercenarios o Bukaneros.

Una vez más, sus planes se torcieron, el ser humano es impredecible pero Malesur había errado en la ofrenda de sus favores. A los más devotos, a los más antiguos les había dado mayores favores, pero éstos también eran los más pacíficos y rehusaban la confrontación. Sin embargo, como ya se ha dicho, el ser humano es impredecible y, más aún, cuando la mitad de él es un animal.