Es obvio que las Manadas de Urueh son una raza casi autodestructiva, hemos dicho casi. Es obvio que por donde pisan, casi arrasan o casi mueren, hemos dicho casi. En ellas habita casi el caos por completo, hemos dicho casi.
Por tanto es casi lógico pensar que las Manadas de Urueh son una raza que nace, destruye y muere, sin más, y en gran medida así es.

Pero también es cierto, que dentro del caos haya un orden y que la evolución lleva a la corrección de errores. De modo que nos centraremos en el orden dentro del caos, en la evolución y, sobre todo, en ese casi que hace que todo sea diferente de lo que parece.

Todo comenzó de un modo extraño, caótico, confuso y tuvo que ser así, porqué así son las Manadas de Urueh. El propio Kazag realizó el ritual que creó las primeras Cortezas Candentes con sus hijos en el interior. Es por ello, que esa primera y originaria generación fue la más poderosa pero, también la más inexperta y dañina para el propio propósito de su deidad. Esa inexperiencia acompañada por la mentalidad incineradora innata, causó un enfrentamiento devastador entre todos ellos. En esa primera generación, la anarquía se apoderó en el momento de su nacimiento y casi termina con la creación de Kazag.
Ese casi, fueron poderosos héroes que todavía incineran todo aquello que pisan. Esos héroes fueron los primeros que aprendieron y con la experiencia corrigieron los errores, esos héroes de las Manadas de Urueh fueron los primeros en evolucionar y corregir el camino casi seguro hacia su autodestrucción. Son los que establecieron un orden dentro del caos. Esos héroes son conocidos y venerados por todas las Manadas de Urueh como los Originarios.

Como hemos dicho, los Originarios son las primeras creaciones de Kazag, son sus hijos directos y algunos todavía viven. Su repercusión e importancia en el futuro de la raza fue trascendental. Pero antes de profundizar en ellos hay que saber quien, como y de que sobrevivieron.

Kazag decidió asentar su raza, como no podía ser en otro lugar, en una región árida, escarpada y estruendosa. Un lugar repleto de activos y peligrosos volcanes que escupen fuego, piedras y lava ininterrumpidamente. Su primera generación la situó en el Valle del Nacimiento Ígneo, así conocido por todos sus habitantes. Una depresión que forma un lago entre los tres volcanes más grandes y activos de la región, hoy conocidos como Golothar, Ag-Tharan y Teokkis. Esas primeras rocas volcánicas con seres incandescentes dentro, como pasa en la actualidad, realizó todo el proceso del Nacimiento Ígneo con la excepción que el Inyector Ígneo era el Dios de la Incineración en persona, alma e ira. Lo cual hizo crear una estirpe pura y poderosa, al igual que incineradora.

Tras la rotura y aparición de las creaciones, el caos asoló el Valle del Nacimiento Ígneo. Hermanos se golpeaban unos a los otros, en una lucha ciega por la supervivencia durante largo tiempo hasta que pocos, los más inteligentes frenaron y terminaron lo que se conoce como La Quema.

Tras La Quema, los Originarios supervivientes aprendieron del caos vivido, evolucionaron y además, unos pocos fueron premiados por el mismísimo Kazag con el conocimiento de ser un Inyector Ígneo. Sin embargo, antes de aumentar la raza, empezaron por hallar aquello que sus cuerpos necesitaban para no perecer.
Pronto se percataron que necesitaban un alimento que mantuviera sus cuerpos ardiendo, fue fácil de hallar, los chorros de lava que corrían por doquier eran perfectos.

Posteriormente, necesitaban cobijo y condiciones adecuadas para los momentos que la temperatura climatológica y la claridad caía en picado, la solución pasó por adentrarse en un volcán, hoy día conocido como Teokkis.

Crearon un sistema de comunicación basado en un conjunto de gestos con los dedos y sonidos guturales creados por sus gargantas, que acabaron formando un simple y básico lenguaje, que a su vez es casi indescifrable para todo aquel que no pertenezca a la raza de las Manadas de Urueh.

A continuación todos los Inyectores Ígneos ampliaron la raza. Pronto el número era cuantioso. Lo Originarios establecieron la Sala del Túnel Eterno, una gruta donde todo nuevo miembro de las Manadas de Urueh debía acudir para que se le otorgara un cometido, casi siempre, bélico que debería acometer hasta que muriera. Y así se hizo durante mucho tiempo hasta que el número pasó de cuantioso a multitudinario. Este periodo fue conocido como Fuego de Kak-How.

Los Originarios se percataron que había llegado el final del Fuego de Kak-How. Las grutas y túneles de Teokkis se hallaban repletos de seres ansiosos por incinerar todo aquello que pudieran. Las disputas entre ellos eran cada vez más constantes e intensas. Llegó el momento de ir más allá, de descubrir su entorno, de iniciar los pasos hacia la incineración de Saphir. La era del Fuego de Kak-How moría para que la era del Fuego de KoK-Lon naciera.

Algunos Originarios se rodearon de un nutrido grupo de elegidos. Miembros de las Manadas de Urueh que no titubearon en presentarse voluntarios para tal menester. Fueron llamados y honrados como la expedición de la Llama Exploradora. Más allá del Valle del Nacimiento Ígneo y los tres volcanes que lo formaban, nada más salir de Teokkis, se percataron que habitaban en un vasto, árido y escabroso territorio, formado por un sinfín de volcanes en continua explosión. Sin duda aquel era su hábitat y allí podían moverse con total seguridad. Sin embargo, no estaban solos. Otros seres, no nacidos de las Cortezas Candentes soportaban las condiciones climatológicas de la región y coexistían con las Manadas de Urueh, eso podía ser una amenaza y debía ser exterminada. Y casi así fue. Habiendo descubierto un clima y lugar apropiado para las Manadas de Urueh más allá de Teokkis y conociendo la existencia de otros seres, los Originarios crearon La Batida. Lo cual, además de causar enormes bajas entre los hijos de Kazag, casi extermina a toda la fauna autóctona de la región de Urueh.
Ese casi, tiene el nombre de Ragther, uno de los Originarios que convenció al resto, de que esas criaturas podían ser domadas y utilizadas, para el fin que los hijos de Kazag tenían en Saphir. Y fue así como terminó el desenfreno sanguinario de las criaturas autóctonas que casi fuero extinguidas de Urueh.
Tras el fin de La Batida, hubo un tiempo de reconstrucción. Los Inyectores Ígneos trabajaban frenéticamente, nuevas Cortezas Candentes inundaban el Valle del Nacimiento Ígneo y Teokkis se llenó de nuevo. Sin embargo, en esta ocasión, también había criaturas que se domaban. La convivencia era casi insoportable.
Los Originarios llegaron a la conclusión de que debían seguir creciendo pero no podían vivir todos en Teokkis.

Unos pocos Originarios se adentraron en los volcanes de Golothar y Ag-Tharan. Menos regresaron. Allí habitaban engendros, seres indescriptibles que claramente no eran de aquella región a los que llamaron Huéspedes de Urueh. No obstante, se mantuvo en secreto y se organizó una expedición de élite con gran parte de los Originarios y los mejores luchadores de Urueh. El fin era claro, aniquilar hasta el último Huésped, hallar su procedencia y destruirla. La Extinción, nombre que se puso a la campaña, fue secreta y breve. Los Huéspedes no eran numerosos y sufrían mucho dolor con la magia de los pocos Originarios que sabían utilizarla. No obstante, no se halló su procedencia. Los Originarios mantuvieron la información en secreto, hasta el punto que todo aquel luchador que participó en La Extinción fue destruido.

El siguiente paso que realizó la raza de las Manadas de Urueh fue La Colonización. Era el momento de invadir los volcanes de Golothar y Ag-Tharan. Sin embargo, los Originarios, también quisieron inspeccionar otros volcanes menores en busca de más Huéspedes de Urueh. La forma más segura y secreta fue inventar un mito que hiciera creer a los futuros hechiceros que necesitaban vivir un tiempo en un volcán menor para conectar con él y hacer su poder mágico superior. En cierto modo era así, pero tras ello se buscaban nuevos Huéspedes y, sobre todo, su procedencia. Con la misma intención, fomentaron el ansia por conocer nuevos horizontes. Multitudes de Manadas de Urueh por fin podían salir de sus volcanes. Pero su avance quedaba frenado por océanos que rodeaban Urueh. Lo que sí hallaron fueron túneles que se adentraban hasta las entrañas de Saphir. Los Originarios creyeron que esa era la procedencia de los Huéspedes de Urueh y no dudaron en llegar hasta el final de ellos. Sin embargo, lo que hallaron fueron otros seres diferentes a los Huéspedes de Urueh.

Por primera vez, los hijos de Kazag se cruzaban con los hijos de otras deidades. El comienzo de la incineración había empezado. Primero fueron encuentros aislados y esporádicos con buen resultado para las Mandas gracias a su superioridad numérica. Después, eran más frecuentes y encarnizados, el desgaste empezaba a hacer mella. Fueron muchos los encuentros con otras razas, las situaciones de lucha cambiaban en cada final de túnel subterráneo. No obstante, con cada ataque era más evidente que la multitud de Manadas de Urueh no era suficiente. Los Originarios, así lo vieron claro en la Gran Guerra entre los Cuatro Grandes, donde el choque entre muchas razas distintas a la vez, hacía que la ventaja de la superioridad numérica de las Manadas de Urueh se viera neutralizada con la preparación y estrategia de las otras razas. Además, otros factores dificultaban el triunfo de las Manadas sobremanera.

El clima totalmente distinto a Urueh debilitaba a las Manadas que veían como el calor corporal descendía drásticamente. La falta de alimento más allá de su región natal rica en lava, agraviaba el estado de los cuerpos candentes de los hijos de Kazag. El desconocimiento de a quien se enfrentaban junto con la inexperiencia en las artes bélicas de sus luchadores también eran factores muy dañinos.
Los Originarios se percataron que La Colonización debía terminar junto con el Fuego de KoK-Lon, necesitaban mejorar muchos aspectos para realizar el cometido por el cual habían sido creados, pero también debían mejorar para subsistir. Todas las Manadas de Urueh regresaron en masa a su región natal para rediseñar su estrategia de incineración de Saphir. Además, la misión secreta de La Extinción de los Huéspedes de Urueh se dio por terminada. Otras amenazas inundaron las mentes de los Originarios. Tal vez, con el paso del tiempo, se demuestre que fue un error.

Con el fin de La Extinción y el fuego de KoK-Lon, se abrió un periodo de tiempo importante, donde Los Originarios debían reestructurar su estrategia profundamente. Conocedores de su debilidad más allá de las regiones volcánicas, de la falta de entrenamiento de sus luchadores y del desconocimiento de sus enemigos, sabían que la superioridad numérica no era suficiente. A pesar de ello, vivían un momento de esplendor en ese sentido. Los volcanes rugían con mayor intensidad, lanzando innumerables Corteza Candentes, el Ciclo Evolutivo había llegado y para las Manadas de Urueh el fuego de KiK-Di comenzaba.

Una nueva época se abría paso en la ardiente región de Urueh. Los Originarios centraron sus esfuerzos en la evolución de la raza, debían corregir errores.
Empezaron por crear La Vigilancia, expediciones constantes que espiaban a los enemigos del continente de Golothar. Crearon La Abertura. Si bien, en las entrañas de Saphir existían infinidad de túneles, debían crear otros más amplios y directos a las pequeñas zonas volcánicas de la costa este y oeste de Golothar.
Por último y más importante, La Criba. Los Originarios sabían que el número no era definitivo para incinerar Saphir. Sin embargo las Manadas, tras el Ciclo Evolutivo, eran una inmensa multitud. Llegó el momento de crear pequeñas guerras controladas entre las Manadas de Urueh. Solo los más hábiles, los más fuertes sobrevivían. Los Originarios conseguían tener multitud de Manadas de Urueh entrenadas y con experiencia en la batalla. Sin embargo, noticias llegadas de La Vigilancia, despertó los temores más recónditos de Los Originarios. Una nueva raza de descompuestos humanos reanimados, se extendía con fuerza por Darlime. Y lo más preocupante, también habían seres no humanos reanimados, los Huéspedes de Urueh volvían a preocupara a Los Originarios.

Tras el descubrimiento de La Vigilancia, los acontecimientos se precipitaron. El fuego de KiK-Di terminó, el fuego de KeK-Han empezó.
Mareas de Manadas de Urueh llenaban los amplios túneles que llegaban hasta las costas de Golothar. Allí las pequeñas regiones volcánicas esperaban para ser colonizadas.

Se habían corregido los errores del pasado, los animales autóctonos de Urueh habían sido mejor domados gracias a Ragther y además su dios les había enviado nuevas Manadas de Urueh provenientes de otro volcán, el Nagrath.
La Incineración volvía a coger fuerza y La Cacería de los Huéspedes de Urueh daba comienzo. El fuego de Kazag ardía en su máxima esplendor de nuevo.